Mi pobre Pucca no entendía nada, pero estaba excitadísima. A fin de cuentas, si lo pensamos desde el punto de vista canino, este evento para ellos debe haber sido más que nada una orgía olfatoria masiva. O, como hubiera dicho el perro de Evita: "Oleré y seré millones".
Para nosotros, los animales (supuestamente) más evolucionados, más que una caminata fue una carrera de obstáculos. Zigzagueando entre dueños parloteantes, correas entrelazadas, interacciones hocico/culo y soruyos de todos los tamaños, parecíamos Maradona eludiendo ingleses en el Mundial '86.
La verdad es que los homo sapiens somos todos iguales al lado de la variedad impresionante de razas perrunas. Ante mí desfilaron un Terranova negro que parecía el Hound of the Baskervilles, un pobre San Bernardo casi desmayado del calor, Dálmatas, Golden Retrievers, Labradores, Beagles, poodles amaneradísimos y miles de modelos más. Pucca se encontró con algunos primos Schnauzers mini, pero los pasó de largo con la belle indifferénce de una histérica de Freud.
Como diría mi ídolo, César Millán, hay que equilibrar a los perros pero entrenar a los amos. Para eso están los auspiciadores. Estos "Encantadores de Humanos" seducen a adultos con criterio formado y cierto poder adquisitivo con la promesa falaz del merchandising gratuito. Para recibir su recompensa deben formar sumisamente una fila interminable bajo un sol carcinógeno, al final de la cual reciben unas galletitas, un poco de agua, unas palmaditas en el hombro y un good boy!!
En fin, con todo y eso, allí estaba yo. La ex anti-perro. La que nunca iba a tener un bicho infesto de esos en la casa. La que hoy lo pasó increíble junto a sus dos hijas: la canina y la humana.