22 de enero de 2012

The Girl with the Dragon Tattoo

Yo creo que las marcas del cuerpo son un testimonio de nuestra historia de vida y que, en ese sentido, dan cuenta de todo tipo de experiencias. A veces son huellas de heridas, que a algunos les hace bien mantener a resguardo de la mirada ajena,  mientras que a otros les es necesario dejar al descubierto como testimonio de su supervivencia.

Sin embargo, con los tatuajes me pasa algo diferente.
Personalmente, la idea de dejarse marcar el cuerpo de manera voluntaria mediante el fuego eterno, me resulta tan incomprensible como el capítulo final de Lost (Fuck you J.J. Abrams por 6 años de mi vida que no volverán...)

Es cierto que no es lo mismo hacerte un sólo dibujito entintado pequeño - posicionado en alguna parte discreta del cuerpo - que ser "El Hombre Ilustrado" de Ray Bradbury. Sin embargo, tengo la impresión que, en algunos casos, el tattoo no es más que un graffiti epitelial que vulnera irrespetuosamente una fachada otrora inmaculada, bajo el pretexto de embellecerla. Se me ocurren como ejemplo los típicos corazoncitos, el yin/yang, la serpiente o la calavera...

También ubicaría en esta categoría caprichosa a esos tipos que, en un rapto de pasión y nula visión de futuro, se tatúan el nombre de su amor actual en el lugar más visible que encuentran. Lo más curioso es que quienes más suelen incurrir en semejantes prácticas, son los que tienen el archivo más abultado del prontuario relacional. Lamentablemente para ellos, los grabados epidérmicos terminan resultando mucho más perennes que la relación... A esos, yo les aconsejaría gritar el nombre de su amada a los cuatro vientos (y esperar a que éstos se lo lleven si la cosa no resulta) o elegir a la próxima pareja en base al nombre, cosa de maximizar el recurso:  Te amo María... Mariana... Mariano...

Con los tattoos me pasa un poco como con ciertas cirugías. Yo me hice Lasik dos veces. Ya no tengo astigmatismo ni miopía (aunque ahora la presbicia me arruinó la fiesta), pero cuando me pongo en Misia Catástrofe, me aparece la idea que en 20 años más la ciencia va a dictaminar que todos los giles que nos operamos ayer, vamos a quedar sin córneas... De igual manera, no puedo evitar tener el mismo presentimiento ominoso acerca de cómo va a quedar un tatuaje en un cuerpo 50 años más viejo, cuando la dermis termine adoptando las más diversas formas de origami.

En fin, lo que quiero decir es que tengo la impresión que Lisbeth Salander no va a ser tan cool cuando se convierta en "The old lady with the wrinkly dragon tattoo"...


4 comentarios:

  1. Muy bueno,Gi. En general me parecen muy frescos e ingeniosos.
    En lo personal me gustan los que son mas cortos, sera x mi imposibilidad a la lectura q al parecer me fue negada de niño.
    Te felicito flaca....

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  2. Te siento como un alma gemela. Cada trazo de este texto casi un calco de mis pensamientos. Entiendo el tatuaje que antaño distinguía a quienes cruzaban los océanos y amarrados a esa vida ostentaban en su brazo un ancla; aborrezco el que numeró a las personas como ganado en el nazismo; pero el de ahora solo me hace recordar ese viejo dicho que decía "la letra con sangre entra". Algo se inscribe y deja su marca no sin dolor (a mi que no me digan que eso no duele) y que deja un cuerpo propuesto a la mirada, algo que se da a ver, sí o sí, como a la intemperie.

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    1. Grax Tamy. Dicen que duele y mucho. Y a mí tb me remite inmediatamente a los tatuajes del Holocausto.
      Bss

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