27 de abril de 2012

Pánico en el Centro

Casi nunca voy al centro, pero justo anteayer tenía que ir. Tontamente desinformada, no sabía que había manifestación de los estudiantes. Termino mis trámites e ingenuamente me dirijo a la estación de metro Universidad de Chile: el epicentro de Santiago. El epicentro de la manifestación.

De repente me encuentro en medio de una batalla. De un lado, parapetados tras sus cascos y escudos transparentes, los carabineros de verde se plantan en una formación tipo enjambre. Uno pegado al otro, en filas y columnas, como una plantilla de excel. Están parados, firmes, expectantes. Hacia ellos avanza una masa amorfa de adolescentes, adultos jóvenes, algunos gritando, otros cantando consignas, otros riendo y charlando trivialmente como si estuvieran entrando a un recital de Los Bunkers. Entre medio están los encapuchados, munidos de piedras que arrojan violentamente contra el suelo para que se rompan y se multipliquen. Nadie en la multitud pareciera acreditar su presencia.

Me faltan 50 m para llegar a la entrada del metro, al lado mío está lleno de reporteros y fotógrafos. Estúpidamente pregunto si el metro está cerrado (veo la reja desde donde estoy y se me cae el alma al piso). El reportero me dice: váyase señora!. Yo estoy paralizada, mi angustiómetro ya se disparó off the charts. Y pienso a dónde coño quiere que me vaya.

Caen las piedras hacia los pacos como proyectiles. El stand by de la tropa se transforma en una estampida feroz, una persecución implacable hacia la turba que se bate en una retirada desordenada y frenética.

La gente corre al medio del Paseo Ahumada, la peatonal más importante de Chile, que ese día convirtió a los simples peatones en espectadores de una escena surrealista. Yo corro paralela a ellos, hasta que caigo en la cuenta que los uniformados no discriminan. No sirve correr. 

Así que me quedo quietita, con mi corazón a los saltos, pegada a la puerta de una fuente de soda cuyos mozos están pensando en cerrar.
Miro a mi alrededor y tengo la impresión que la única aterrada soy yo. Los demás parecen estar acostumbrados, como si fuera un show que ya han visto demasiadas veces como para dignificarlo con un panic attack.

Pienso en mi hija, pienso en las madres de todos esos chicos (y grandes) que están ahí. Llego a la conclusión que nunca fui (y probablemente no seré) una ferviente luchadora social ni manifestante masiva. Voy a tratar de hacer lo que pueda pero desde mi lugarcito en el mundo. Aunque mis esfuerzos se concentren sólo en unos pocos...

U2 - Sunday Bloody Sunday

6 de abril de 2012

Pasajes

Hoy empieza Pesaj, la festividad en la que se celebra la liberación del pueblo judío de la esclavitud en Egipto.

Yo creo que después de tantas generaciones viviendo en cautiverio, los judíos probablemente no sabían qué hacer con esa libertad. Quizás por eso estuvieron vagando 40 años en el desierto antes de poder llegar a la "tierra de leche y miel"  que les había sido prometida. Tal vez ese fue el tiempo que les llevó aprender a usar esa independencia. No es fácil dejar de ser prisionero de tu pasado o de tu presente y decidirte a transformar tu realidad.

Para mí, la historia de Pesaj representa la valentía que hay que tener para dejar atrás tus certezas inamovibles. Es atreverte a dar un salto sin saber si abajo hay una red. Es una apuesta, sostenida apenas por una promesa. La esperanza de un futuro diferente, por más incierto que éste sea. 

Pesaj en hebreo viene de la raíz pasáj,  por eso es sinónimo de transición, de pasaje de un estado a otro. En este caso es pasar de la imposibilidad de elegir por uno mismo, al compromiso de las decisiones acerca de nuestra vida. 

Yo creo que decidirse a cambiar conlleva un cierto monto de dolor y mucho de coraje, pero especialmente lleva tiempo

A veces, por qué no, te puede llevar 40 años...