12 de septiembre de 2013

Perdonar es Humano

La cosa es así: primero viene el Año Nuevo Judío (Rosh Hashaná) -en este caso estamos en 5774- que es una ocasión de alegría y regocijo celebrados por supuesto al estilo tradicional. O sea, comiendo a morir.
Pero, como en esta vida todo se paga, luego de los atracones vienen los "días terribles" para, finalmente, llegar al Día del Perdón (Iom Kipur), durante el cual se ayuna para luego volver a comer a reventar.

Son diez días que la religión judía destina a la reflexión y el balance; a hacer una limpieza interna que nos permita comenzar el nuevo año renovados y, hasta cierto punto, libres de culpas. Lo cual no es menor, si consideramos que la culpa suele ser paralizante y- hay que decirlo- probablemente haya sido un invento de mi pueblo.

Tengo la impresión de que lo terrible de aquellos diez días es reconocer que, como humanos, tenemos la capacidad para hacer daño y que, consciente o inconscientemente, muchas veces la usamos.

Considero que este reconocimiento provoca un cimbronazo a nuestro ego, porque uno de los pilares de nuestra autoestima es la creencia en que, esencialmente, somos buenas personas.
Entonces, sucede que a veces, para mantener esa imagen de bondad, nos resulta menos doloroso culpar a los demás, ponernos a la defensiva o creer que sólo nosotros hemos sido perjudicados. 

Creo que admitir los errores requiere de una actitud humilde y de bancarnos las heridas al ego, que quien sabe sean producto del efecto boomerang de las que infligimos a los demás. Pienso que, bajar la omnipotencia y el falso orgullo, nos hace más realistas y aceptadores de nuestros límites. Y eso, en definitiva, es lo que llamamos madurar. Pero ¡qué difícil que es!.

Una vez asumida la responsabilidad, pareciera que el siguiente paso debiera ser pedir perdón. Y aquí encontramos otro obstáculo, porque una cosa es reconocer para nuestros adentros que nos mandamos una cagada y otra es admitirlo delante del otro y otorgarle el poder de rechazarnos o aceptarnos.

Sin embargo, me parece que existen más posibilidades de recibir el perdón si antes de pedirlo realizamos lo que el judaísmo llama "buenas acciones", que a mi juicio, son básicamente acciones concretas (no intenciones) que de alguna manera puedan reparar el daño y ayuden a cerrar las heridas. 

Entre paréntesis, quiero decir también que creo que hay cosas que, al menos, yo no puedo perdonar, como por ejemplo, el Holocausto o cualquier otra masacre y, a menor escala pero no menor importancia, el abuso sexual infantil. 

Volviendo a lo anterior, me parece que la culpa original (no me gusta el concepto de pecado) tiene que ver con las relaciones más tempranas con nuestros padres. Porque generalmente al principio los amamos sin reservas y luego los criticamos sin miramientos y los culpamos de todas nuestras desgracias. 

Algunas personas se quedan ahí, paralizadas en esa etapa, eternamente adolescentes en una lucha rabiosa y de resentimiento que no les permite separarse de sus padres ni crecer. 
Otros logramos -y me incluyo porque creo que me lo gané después de tanta terapia y esfuerzo- entender que nuestros padres hicieron lo que pudieron y eso nos lleva a perdonarlos, a pedirles perdón y a hacernos cargo del proceso de reconstruirnos. 

Tengo que decir que este proceso requiere de reflexión pero también de muchas acciones concretas y efectivas. Porque al parecer, a los humanos comunes y corrientes como yo, nos lleva toda la vida recibirnos de adultos. 
Y, ciertamente, espero que valga la pena el esfuerzo o si no, tendré que pedir reembolso.

Jatimá tová para todos!
Feliz Año y que sean inscritos en el Libro de la Vida!