Alguien me dijo hace poco -con la expresión de quien espera que le cuelguen una medalla- que tendría que estar muriéndose para ir al médico.
Más allá de pensar que, una vez llegado a ese punto, sería mucho más práctico llamar a un sacerdote (o un rabino en mi caso), me puse a divagar sobre el mal llamado estoicismo. Y mi conclusión científica es que hay gente a la que le gusta sufrir al pedo.
Y sí. Aunque parezca mentira, hay quienes creen que bancarse el dolor es una virtud. Son esos que no se enteraron de la invención de la anestesia y que prefieren morder el palo de madera.
Esa fue mi primera idea.
Sin embargo, la psicóloga que hay en mí, que siempre intenta ver un poco más allá, me llevó a pensar que el estoicismo no es más que una forma encubierta de maltrato.
Para mí, el maltrato no pasa solamente por los golpes o las descalificaciones. Pasa también por la dejadez y por el abandono. Pasa por esperar un año para hacerte una mamografía sabiendo que tenés antecedentes familiares o para revisarte la próstata teniendo más de 50. Pasa por ni siquiera registrar que tenés 7 úlceras gástricas hasta que terminás internado o por seguir engordando hasta llegar a la diabetes. Y también pasa por permanecer en una relación tóxica hasta que el daño es irreparable.
Esa fue mi primera idea.
Sin embargo, la psicóloga que hay en mí, que siempre intenta ver un poco más allá, me llevó a pensar que el estoicismo no es más que una forma encubierta de maltrato.
Para mí, el maltrato no pasa solamente por los golpes o las descalificaciones. Pasa también por la dejadez y por el abandono. Pasa por esperar un año para hacerte una mamografía sabiendo que tenés antecedentes familiares o para revisarte la próstata teniendo más de 50. Pasa por ni siquiera registrar que tenés 7 úlceras gástricas hasta que terminás internado o por seguir engordando hasta llegar a la diabetes. Y también pasa por permanecer en una relación tóxica hasta que el daño es irreparable.
Ahora bien, sin llegar a esos extremos, somos muchos los que esperamos hasta que el cuerpo, la mente o la familia digan basta. Y creo que, en parte, eso se debe a una fuerte alienación respecto de nosotros mismos.
Tengo la sensación de que, a veces, es como si no habitáramos nuestro cuerpo ni nuestra mente. Y por ende, los tratáramos como a entes extraños, ajenos a nosotros. Como si fueran un recurso natural que se pudiera manipular o explotar sin riesgo de que se agote.
Me pregunto por qué nos costará tanto cuidarnos. Quizás sea porque para cuidar algo hay que valorarlo y quererlo; y para querernos, es necesario creer que fuimos queridos. Que somos queribles.
Tal vez en nuestra historia hayamos sido maltratados, descalificados o desatendidos por quienes se suponía que debían hacerse cargo de nosotros. Y entonces, probablemente nos hayamos parapetado tras la idea de que siempre tuvimos que salir adelante solos, y ahora hacemos de ella un estandarte de nuestra autoestima, y lo enarbolamos en el mástil del falso orgullo, negándonos a aceptar que necesitamos de un otro. O, al revés, nos dejamos estar para "forzar" (inconscientemente) a los demás a actuar como los padres protectores que sentimos que no tuvimos, y así seguimos en una postura infantil, quizás para comprobar si, finalmente, habrá alguien que nos quiera lo suficiente como para hacerse cargo de nosotros.
Sin embargo, aunque para muchos parezca paradójico, pedir apoyo, es también una forma de autocuidado. La psicoterapia o la medicina son algunas de las alternativas posibles pero, más allá de lo que se elija, lo importante es no prolongar ni agravar un sufrimiento que, en innumerables ocasiones, podría ser perfectamente evitable.
¿No es curioso que algunas personas no duden en llevar su auto al mecánico apenas escuchan un ruidito sospechoso, y sin embargo, cuando se trata de sí mismas, son capaces de esperar hasta que se les funda el motor?.
En fin, evidentemente, cada uno interpreta lo del "auto-cuidado" como puede...