29 de diciembre de 2011

Buenos Aires - Santiago

Martes 28 de Diciembre de 1993. Día de los Inocentes...

Me subí al Ladeco que iba de EZE a SCL y me senté junto a un joven papá chileno, que venía de Australia con su beba de 4 meses a visitar a su familia. Contra todos los pronósticos, la única que lloró durante las 2 horas 15 que duró el vuelo fui yo. Miraba con envidia regresiva a la chiquitina suertuda que tenía un papá que, cancherísimo, le daba la mamadera y le cambiaba los pañales sin inmutarse.
Yo recién había dejado al mío, saludándome con el corazón apretado mientras me veía desaparecer por la escalera mecánica que llevaba a Migraciones.

No era que estuviera quemando naves, pero en ese momento lo sentía así.
Había entregado mi departamento alquilado - 3 ambientes contrafrente/pulmóndemanzana/balcón francés en El Cano y Conde - en donde entre muchas otras cosas - aprendí a ahuyentar a los machos desubicados que creían ver un cartel de Mujer Soltera Busca en la puerta de mi depto apenas se enteraban que vivía sola.
Había dejado - además de mi familia - a mis amigas del alma, esas hermanas del corazón que una va adoptando durante la vida, al mejor estilo Brangelina. (Estoy casi segura que el día de mi partida sintieron que las abandoné, pero - si no se los dije antes, se los digo ahora - yo me las llevé adentro y nunca más pienso dejarlas ir).

Confieso que acostumbrarme a la vida en Chile me costó más de lo que hubiera esperado, pero eventualmente hice mis duelos, dejé de enfocarme sólo en lo que creía haber perdido, acepté que mi corazón siempre iba a estar dividido entre Santiago y Buenos Aires, y aprendí a amar mi vida aquí.

Martes 28 de Diciembre de 1993. Día de la Inmigrante...


28 de diciembre de 2011

27 de diciembre de 2011

Baby Steps

Sólo x Hoy tiene varios significados para mí, pero si los cristalizo hoy en este espacio, sé que me voy a sentir muy restringida mañana. Así que voy a hablar solamente de una de las maneras en que yo uso y entiendo la frase.

Lo asocio con la idea de ir dando "baby steps".

Me sirve mucho pensar que la vida te enfrenta una y otra vez con las mismas situaciones dolorosas para que en algún momento aprendas a resolverlas. Creo que las personas tenemos ciertos grandes temas que trabajar durante nuestra vida si pretendemos que ésta sea más plena, o simplemente más satisfactoria.

Muchas veces, cuando me encuentro con un problema muy difícil, mi primera reacción es desesperarme. En esos días, lo percibo como un obstáculo inabordable, algo que nunca voy a poder manejar porque nunca antes pude. Acto seguido, se me aparecen todas las razones por las cuales no me va a resultar nada de lo que intente y me quedo atrapada bajo los escombros de los no puedo, con lo cual me desmotivo e incluso me puedo llegar a paralizar.
En mi vida tuve varios nopuedos que  -eventualmente y no sin muuucho trabajo- logré sortear, al menos en parte. 

Creo que la mayoría de los nopuedos tienen que ver con la presencia, en lo más recóndito de nuestra mente, de un personaje muy jodido que nos dice todo el tiempo que nada de lo que hagamos es ni será suficiente. Así, podemos pasarnos toda la vida, escuchando a ese personaje maldito que nos somete a pruebas dignas de La Odisea, que requerirían de acciones sobrenaturales para ser sorteadas exitosamente. 
Este personaje interno, criticón y jodido, nos hace sentir culpables e impotentes, toda vez que nuestros humanos -y  por ende limitados- esfuerzos chocan contra la omnipotencia de sus estándares idealizados.

Me parece fundamental desnudar a este emperador oculto y quitarle su poder. Y creo que, una de las maneras de hacer esto, es tratando de fijarnos metas concretas y realizables.
Ir paso a paso. 
Pasitos de bebé. 
No pretendamos correr una maratón si aún no aprendimos a gatear.


En fin, diría que en este minuto, la frase Sólo x Hoy me sirve para lidiar con mis dificultades, desde las más jodidas a las menos trascendentes.  Es una especie de mantra personal que me ayuda a comprometerme, pero sin atarme. Que me permite sentirme libre de elegir, pero sin forzarme a mantener mi elección si veo que ésta no me sirve. Y que me invita a decidir qué puedo conservar y qué puedo dejar ir.

Pero para mí lo más cool de decir Sólo x Hoy es que - te guste o no te guste - siempre es hoy.




26 de diciembre de 2011

Coleccionista de Calorías

En el almacén que estaba en Superí y Av. de los Incas, justo a la vuelta de mi casa, vendían nosécuántas variedades de galletitas por kilo que el dueño del boliche sacaba de alguna de las docenas de latas cuadradas de aluminio color bronce que se amontonaban ordenadamente en los estantes de arriba. El tano Módena (así le decíamos hasta que nos enteramos que era de Módena) bajaba la lata correspondiente, la ubicaba sobre el mostrador, abría la tapa haciendo palanca con la punta de un cuchillo y metía las galles dentro de una bolsita transparente que pesaba en su balanza tambaleante y probablemente descalibrada. De ahí a la caja registradora (que incluso ya a fines de los 70 era una antigualla) y por fin salías corriendo a comerte los Habanitos, las Boca de Dama bañadas en chocolate, las Surtidas o las Melba. Era fundamental comer lo más que pudieras antes de llegar a casa y tener que compartirlas con tus dos hermanos, con quienes además compartías la misma voracidad genética hacia los carbohidratos.

Mi relación con los azúcares, harinas y sus derivados ha sido y es uno de los vínculos más estables de mi vida, aunque reconozco que a veces me pongo promiscua y le doy a las grasas también.

Podría culpar a mi genética ashkenazi, o a los paquetones de El Ciervo de Oro que nos traía mi viejo cuando volvía del trabajo. Sólo recordar esos knishes de papa, los varenikes con cebollita, o los pletzalej con quesito blanco y cebollín, me hace salivar cual perro de Pavlov.

No sabría decir en qué momento me convertí en una coleccionista de calorías pero sí tengo más o menos claro cuándo empecé a acumularlas como en el Kino.

En este blog quiero hablar de vacas gordas y de vacas flacas. Ese es uno de mis temas ... al menos por hoy.

Pd: Les dejo una perlita de esa época...

Amor Calórico

Mi bobe (abuela paterna) debía tener unos 14 años cuando  llegó a Buenos Aires a principios del siglo pasado. Venía de Kishinev  (Ucrania/Rumania ...vaya una a saber) junto con su hermana, enviadas por sus familias para escapar de los pogroms. No sé bien cómo, pero las Gerscovich terminaron casándose con los hermanos Fischman que venían del mismo shtetl (pueblo), y ambas familias se instalaron en Flores Sur.
Mi bobe nunca aprendió bien el castellano, decía cosas como "zanagogria" o "múltimo millonagrio" y, siempre que podía, prefería hablar en Idish. No sé qué se habrá traído de su tierra ni qué o a quiénes habrá dejado allí. Y es que exilio y pérdida van siempre juntos y mi pobre bobe era una inmigrante judía ashkenazi con todas las de la ley, trasplantada prematuramente del frío estepario a las pampas argentinas. Demás está decir que apenas se encontró una papa, se puso a hacer varenikes. Nada como un tubérculo  para hacerte sentir cerca de tus raíces...
Seguramente ahogó sus penas en gefilte fish (es una noción universalmente aceptada que los judíos comemos mucho más de lo que tomamos). Mi bobe, para todos los efectos, era obesa. Tenía unos pechos gigantes que intentaba en vano embutir en unos corpiños XXL. Recién ahora puedo entender semejante lógica corporal: ¿dónde más iba a albergar ese enorme corazón?
Fin de semana por medio venía a dormir a casa. Traía unos pletzales enormes de costra dura, junto con unas rosquitas con sésamo y anís que, en nuestras manos, duraban menos que un pestañeo. Nos cocinaba desde su recetario interno, en el que probablemente calidez y calorías fueran equivalentes. Su comida contenía carbohidratos de cariño, con los que quizás intentaba llenar vacíos propios y ajenos. Mi bobe está siempre dentro mío. Qué difícil desanudar esa conexión atávica entre amor, pérdida y alimento una vez que se te instala, no?