22 de octubre de 2013

Estóica...gada.

Alguien me dijo hace poco -con la expresión de quien espera que le cuelguen una medalla- que tendría que estar muriéndose para ir al médico. 

Más allá de pensar que, una vez llegado a ese punto, sería mucho más práctico llamar a un sacerdote (o un rabino en mi caso), me puse a divagar sobre el mal llamado estoicismo. Y mi conclusión científica es que hay gente a la que le gusta sufrir al pedo. 

Y sí. Aunque parezca mentira, hay quienes creen que bancarse el dolor es una virtud. Son esos que no se enteraron de la invención de la anestesia y que prefieren morder el palo de madera. 

Esa fue mi primera idea.
Sin embargo, la psicóloga que hay en mí, que siempre intenta ver un poco más allá, me llevó a pensar que el estoicismo no es más que una forma encubierta de maltrato. 

Para mí, el maltrato no pasa solamente por los golpes o las descalificaciones. Pasa también por la dejadez y por el abandono. Pasa por esperar un año para hacerte una mamografía sabiendo que tenés antecedentes familiares o para revisarte la próstata teniendo más de 50. Pasa por ni siquiera registrar que tenés 7 úlceras gástricas hasta que terminás internado o por seguir engordando hasta llegar a la diabetes. Y también pasa por permanecer en una relación tóxica hasta que el daño es irreparable.

Ahora bien, sin llegar a esos extremos, somos muchos los que esperamos hasta que el cuerpo, la mente o la familia digan basta. Y creo que, en parte, eso se debe a una fuerte alienación respecto de nosotros mismos. 

Tengo la sensación de que, a veces, es como si no habitáramos nuestro cuerpo ni nuestra mente. Y por ende, los tratáramos como a entes extraños, ajenos a nosotros. Como si fueran un recurso natural que se pudiera manipular o explotar sin riesgo de que se agote. 

Me pregunto por qué nos costará tanto cuidarnos. Quizás sea porque para cuidar algo hay que valorarlo y quererlo; y para querernos, es necesario creer que fuimos queridos. Que somos queribles. 

Tal vez en nuestra historia hayamos sido maltratados, descalificados o desatendidos por quienes se suponía que debían hacerse cargo de nosotros. Y entonces, probablemente nos hayamos parapetado tras la idea de que siempre tuvimos que salir adelante solos, y ahora hacemos de ella un estandarte de nuestra autoestima, y lo enarbolamos en el mástil del falso orgullo, negándonos a aceptar que necesitamos de un otro. O, al revés, nos dejamos estar para "forzar" (inconscientemente) a los demás a actuar como los padres protectores que sentimos que no tuvimos, y así seguimos en una postura infantil, quizás para comprobar si, finalmente, habrá alguien que nos quiera lo suficiente como para hacerse cargo de nosotros.

Sin embargo, aunque para muchos parezca paradójico, pedir apoyo, es también una forma de autocuidado. La psicoterapia o la medicina son algunas de las alternativas posibles pero, más allá de lo que se elija, lo importante es no prolongar ni agravar un sufrimiento que, en innumerables ocasiones, podría ser perfectamente evitable.

¿No es curioso que algunas personas no duden en llevar su auto al mecánico apenas escuchan un ruidito sospechoso, y sin embargo, cuando se trata de sí mismas, son capaces de esperar hasta que se les funda el motor?. 

En fin, evidentemente, cada uno interpreta lo del "auto-cuidado" como puede...


12 de septiembre de 2013

Perdonar es Humano

La cosa es así: primero viene el Año Nuevo Judío (Rosh Hashaná) -en este caso estamos en 5774- que es una ocasión de alegría y regocijo celebrados por supuesto al estilo tradicional. O sea, comiendo a morir.
Pero, como en esta vida todo se paga, luego de los atracones vienen los "días terribles" para, finalmente, llegar al Día del Perdón (Iom Kipur), durante el cual se ayuna para luego volver a comer a reventar.

Son diez días que la religión judía destina a la reflexión y el balance; a hacer una limpieza interna que nos permita comenzar el nuevo año renovados y, hasta cierto punto, libres de culpas. Lo cual no es menor, si consideramos que la culpa suele ser paralizante y- hay que decirlo- probablemente haya sido un invento de mi pueblo.

Tengo la impresión de que lo terrible de aquellos diez días es reconocer que, como humanos, tenemos la capacidad para hacer daño y que, consciente o inconscientemente, muchas veces la usamos.

Considero que este reconocimiento provoca un cimbronazo a nuestro ego, porque uno de los pilares de nuestra autoestima es la creencia en que, esencialmente, somos buenas personas.
Entonces, sucede que a veces, para mantener esa imagen de bondad, nos resulta menos doloroso culpar a los demás, ponernos a la defensiva o creer que sólo nosotros hemos sido perjudicados. 

Creo que admitir los errores requiere de una actitud humilde y de bancarnos las heridas al ego, que quien sabe sean producto del efecto boomerang de las que infligimos a los demás. Pienso que, bajar la omnipotencia y el falso orgullo, nos hace más realistas y aceptadores de nuestros límites. Y eso, en definitiva, es lo que llamamos madurar. Pero ¡qué difícil que es!.

Una vez asumida la responsabilidad, pareciera que el siguiente paso debiera ser pedir perdón. Y aquí encontramos otro obstáculo, porque una cosa es reconocer para nuestros adentros que nos mandamos una cagada y otra es admitirlo delante del otro y otorgarle el poder de rechazarnos o aceptarnos.

Sin embargo, me parece que existen más posibilidades de recibir el perdón si antes de pedirlo realizamos lo que el judaísmo llama "buenas acciones", que a mi juicio, son básicamente acciones concretas (no intenciones) que de alguna manera puedan reparar el daño y ayuden a cerrar las heridas. 

Entre paréntesis, quiero decir también que creo que hay cosas que, al menos, yo no puedo perdonar, como por ejemplo, el Holocausto o cualquier otra masacre y, a menor escala pero no menor importancia, el abuso sexual infantil. 

Volviendo a lo anterior, me parece que la culpa original (no me gusta el concepto de pecado) tiene que ver con las relaciones más tempranas con nuestros padres. Porque generalmente al principio los amamos sin reservas y luego los criticamos sin miramientos y los culpamos de todas nuestras desgracias. 

Algunas personas se quedan ahí, paralizadas en esa etapa, eternamente adolescentes en una lucha rabiosa y de resentimiento que no les permite separarse de sus padres ni crecer. 
Otros logramos -y me incluyo porque creo que me lo gané después de tanta terapia y esfuerzo- entender que nuestros padres hicieron lo que pudieron y eso nos lleva a perdonarlos, a pedirles perdón y a hacernos cargo del proceso de reconstruirnos. 

Tengo que decir que este proceso requiere de reflexión pero también de muchas acciones concretas y efectivas. Porque al parecer, a los humanos comunes y corrientes como yo, nos lleva toda la vida recibirnos de adultos. 
Y, ciertamente, espero que valga la pena el esfuerzo o si no, tendré que pedir reembolso.

Jatimá tová para todos!
Feliz Año y que sean inscritos en el Libro de la Vida!



2 de agosto de 2013

De alergias y otras intolerancias

Hace poco descubrí que soy alérgica a la clara de huevo y al pollo, entre otros alimentos. La verdad, de haber podido elegir, hubiera preferido ser alérgica al chocolate. O a los hidratos de carbono. "Querés un alfajor Havanna?. No gracias, no puedo, soy alérgica. Wow, qué suerte que tenés. Con razón sos tan flaca..." 

Dicen los que saben, que la alergia es una reacción anormal, inadaptada y exagerada del sistema inmunológico ante sustancias que comúnmente son bien toleradas. Es decir que, por alguna razón, en un momento determinado de la vida, algo que antes resultaba inocuo, pasa a ser declarado como enemigo por nuestro sistema defensivo. Existen distintos tipos de alergenos, o sustancias que provocan rechazos, a saber: alimentos, picaduras de insectos, polen, metales, animales, etc.
Asimismo, la intensidad de las reacciones puede ir desde una simple irritación cutánea hasta un shock anafiláctico y la muerte. Así de heavy.
Si bien existen algunos remedios, la "cura" para las alergias suele ser más que nada la evitación del contacto con el agente alergénico. 

Como psicóloga, tiendo a pensar que una alergia también podría ser entendida como una señal -sólo que expresada a nivel del cuerpo- de que hay algo que  estamos rechazando, es decir, que quizás estamos expuestos a situaciones que no podemos asimilar ni incorporar. En ese sentido, tal vez no estaría mal darle una vuelta al tema y ver qué nos puede estar generando reacciones de intolerancia, a qué estamos más sensibles y a qué cosas sería mejor no exponernos. 

En las relaciones humanas muchas veces ocurre que aquello que antes tolerábamos -o incluso nos gustaba- del otro, comienza a molestarnos, a hacer ruido. A veces, la irritación es breve y pasajera. Otras, sigue aumentando hasta tornarse insoportable. Y entonces, generamos anticuerpos, es decir, comenzamos a defendernos. O a atacar.

Quisiera aclarar aquí que no necesariamente estoy diciendo que lo que nos hace mal es la otra persona, sino que en la mayoría de los casos, lo nocivo pasa a ser el vínculo entre amb@s que, de alguna manera, se ha ido deteriorando.

Cuando esto último sucede, una de las opciones (por supuesto, existen otras) es el alejamiento. O sea, evitar la cercanía con el "alergeno" relacional. Y esto no deja de ser penoso porque implica una renuncia.

Para terminar, una pequeña confesión: soy alérgica al matrimonio.



  


14 de junio de 2013

Hola, estás?


La verdad es que no suelo engancharme en las polémicas que suscita cada nuevo avance tecnológico. A veces pienso que suelen ser producto de mentes que funcionan en códigos binarios, o sea, de 0 o 1. Todo o nada. La lógica de la exclusión. Y también, paradójicamente, la lógica de las computadoras. No deja de sorprenderme eso que dicen de las relaciones virtuales versus las relaciones “reales”, o el libro impreso versus el e-book, como si uno fuera a reemplazar al otro. Lo considero como una mirada parcial de quien confunde la parte con el todo, el medio con el mensaje. Pienso que ambos pueden complementarse y de hecho, hoy en día están tan entrelazados que resulta difícil concebir lo "virtual" como no "real" y lo "real" como no "virtual".
En el mundo en que vivimos, las relaciones entre humanos utilizan distintos medios para desarrollarse. Y eso mismo pareciera tener efectos que aún nos cuesta dimensionar. Por ejemplo, ¿qué es lo primero que hace la mayoría de la gente cuando le quieren presentar a alguien?
Lo facebookea. Y, si no le resulta, lo googlea. Y si tiene la suerte de que tenga facebook, le ruega al Señor que no lo tenga bloqueado, o que al menos no sea uno de esos ambivalentes que no ponen foto de perfil. Digo ambivalentes porque tengo la impresión que quieren pero no quieren ser vistos, lo cual es totalmente válido, pero algo frustrante para la mayoría de los usuarios de facebook que sí somos curiosos. O si se quiere, ¿por qué no? voyeuristas, en algunos casos. ;)
En mi opinión, una prueba más de cómo la mirada hacia los vínculos humanos está presente en las redes sociales (no tengo claro si adrede o no), son las operaciones que el usuario debe realizar para integrarse a éstas. 
Se me ocurre que, para muchas personas, hay un significado un poco más profundo en el "solicitar y aceptar amistad" que el de un simple click. Si bien es probable que para cada uno tenga una importancia diferente, pienso que tiene que ver con una necesidad muy básica, que es la de ser aceptados, vistos y, de alguna manera, reconocidos por el otro. Por algo la gente se desilusiona, se cuestiona a sí misma o se enoja al darse cuenta de que alguien lo borró de sus contactos; y se alegra cuando es agregado a una lista de amigos, aunque el término "amigo" pueda tener distintas acepciones. Y ni hablar del "me gusta", que puede interpretarse tanto como que los demás aprueban tu foto o comentario o, para los más perseguidos, que te aprueban  o no como persona.
Otro ejemplo sería el de las señales que indican que alguien está o no está conectado. Si bien el término pareciera referirse a la interacción entre dispositivos, también se podría pensar en el significado emocional de estar o no  "disponible para conectarse" con otro ser humano.
Ahora, también es cierto que aquellas señales pueden ser engañosas. Que haya un puntito verde al lado del nombre de alguien, no necesariamente significa que esté. Y esto puede dar lugar a malentendidos si el otro interpreta la falta de respuesta como desinterés o desaire en vez de pensar que quizás es la computadora la que está disponible, pero él o ella están en el baño, o trabajando en la oficina, o sacando la basura. En este sentido, presencia y ausencia parecieran ser términos bastante relativos cuando el medio de comunicación pasa por la virtualidad. 
En otro plano, creo que la falta de lenguaje no verbal en los chats o mails, también puede prestarse a confusiones. Y digo esto sabiendo que es un cliché, pero no por eso menos cierto.
Asimismo, me da la sensación de que estos medios, de alguna manera, permiten mantener a raya a la impulsividad, en tanto uno puede tomarse el tiempo de pensar o incluso ensayar la respuesta a un mensaje del otro. Se me ocurren casos, como las parejas en proceso de divorcio destructivo, en los que el contacto cara a cara agrava tanto las peleas que pareciera más aconsejable que "las partes" se comuniquen por mail. 
Quiero agregar que, de todos modos, el contacto virtual carece de algunos de los cinco sentidos, a saber, del olfato, del tacto y del gusto, que además son los que se asocian a los vínculos más primarios del ser humano, por lo que favorecen la profundidad e integridad de las relaciones. Por eso, en ese plano, la virtualidad pareciera ser más incompleta, aunque las relaciones "concretas" cara a cara tampoco nos permitan alcanzar aquel estado mítico de completud.

Por último, pero no por eso menos relevante, quisiera señalar que nunca sabrás a ciencia cierta quién escribió este texto...



5 de mayo de 2013

Sacáte los anteojos!


Yo creo que la naturaleza es sabia. Lo que nos quita por un lado, nos lo devuelve por el otro.
Para mí, esto es especialmente cierto después de los 40. A esta edad (dicen, por supuesto no es mi caso) es cuando comienzan a aparecer los primeros signos del paso del tiempo: las arrugas, las canas, los salvavidas/flotadores, la piel floja y todo aquello que la ley de gravedad dejó caer.

Sin embargo, en un arranque inusitado de optimismo, se me ocurrió que ya es hora de dejar de quejarnos y darnos cuenta de que Madre Natura nos ofrece una solución para paliar nuestros achaques: la presbicia.
He aquí algunos beneficios que ésta nos reporta.

  • Genera ahorros importantes en el presupuesto para cosmética y cirugías plásticas, en tanto entorpece la auscultación minuciosa de las imperfecciones del propio rostro. 
  • Evita accidentes de tránsito, dado que impide chequear el celular o enviar mensajes de texto estando al volante.
  • Previene el calentamiento global, al promover el uso de e-books (que permiten agrandar la letra) en reemplazo del libro de papel que requiere de la tala indiscriminada de árboles.
  • Facilita la objetividad, al impulsarnos a tomar distancia de lo que se nos viene encima.
  • Por último, estimula la imaginación y el enamoramiento, ya que, desde la cercanía borrosa del tête à tête, cualquier sapo puede convertirse en príncipe.

Así es amig@s, como siempre, la solución estaba ante nuestros ojos... sólo que no podíamos verla.



Here's an attempt at translation for my english speaking friends (hoping you'll go easy on me and my mistakes)

Take off your glasses!

I think nature is wise. When she takes something away from us, she gives it back in another way.
To me, that's especially true once we step into our forties. At that age (so I've heard, of course it's not my case) all signs of aging start to show, namely: wrinkles, grey hair, floating devices around the waist, loose skin, and everything the laws of gravity have left hanging.
However, in a sudden fit of optimism, it has occurred to me that it's time to stop complaining, and realize that Mother Nature has given us the solution to some of our ailments: presbyopia.
Here's a list of some of its benefits.


  • Generates huge savings in our budget for cosmetic surgery, since it prevents close explorations of our own face.
  • Avoids car accidents by thwarting any attempt to check or write text messages on our cell phone.
  • Prevents global warming while promoting the use of e-books (which allow font enlargement) as replacement for paper books that require an indiscriminate logging of our forests.
  • Facilitates objectivity as it makes us take a step back to view things that are coming our way.
  • Last, but not least, it stimulates imagination and makes it easier to fall in love, since the closeness of a tête à tête encounter may turn any toad into a prince.

So
, my dear friends, as always, the solution was right before our eyes... we just couldn't see it.


https://www.facebook.com/photo.php?fbid=479798325365779&set=pb.300134819998798.-2207520000.1369342127.&type=3&theater

2 de mayo de 2013

Mí Tarzán, Tú Jane

El otro día, un amigo me dijo que los hombres son básicos, rústicos y frontales. Me da la impresión de que se refería a que se manejan según tres intereses primarios, a saber: comer, tener sexo y trabajar.
Entonces, se me ocurre que, de alguna manera, dependiendo del orden de prioridades que cada hombre asigne a dichas necesidades, las mujeres podríamos obtener un perfil preliminar de nuestro macho cabrío. Así que, a sabiendas de lo limitado y concreto de mi enfoque, presentaré aquí algunas de las combinaciones posibles que, en definitiva, son motivo de reclamos por parte de mis colegas de género. 


  • Trabajo-comida-sexo: 

Hombre que llega tarde, estresado y hambriento. Su prioridad es que le den de cenar, mirar las noticias en la tele y dormirse temprano. El sexo es para los fines de semana o feriados, en la semana no quiere que lo jodan. Probablemente, este espécimen necesita más una empleada doméstica que una esposa, sólo que aún no lo sabe. 

  • Trabajo-sexo-comida:

XY que llega tarde la casa, con ganas de comerse a su mujer y gastar las calorías antes de ingerirlas. Desea que su pareja lo espere con un copa de vino, en  baby-doll y con la cena servida. Sus fantasías generalmente se estrellan contra la realidad de una comida recalentada en el microondas por una fémina en bata y chancletas. Podría ser un infiel en potencia ya que combina los medios para una doble vida y la insatisfacción en la casa.

  • Sexo-trabajo-comida:
Dícese del estereotipo social del varón. Se cree que la mayoría responde a dicho patrón (aunque es posible que, en estos tiempos, se trate de un mito). Es el ejemplar que más quejas suscita en las mujeres, quienes argumentan que "él sólo piensa en ESO", en vez de contentarse con hacer cucharita y hablar sobre la relación. 

  • Sexo-comida-trabajo:
Sujeto que trabaja lo mínimo indispensable, por lo que llega temprano y se asegura una ingesta que le aporte la energía suficiente para corretear a su esquiva pareja. 

  • Comida-trabajo-sexo:

Masculino rellenito, infeliz en su trabajo, que alcanza el máximo punto de satisfacción ante una milanesa con fritas. Si le queda algo de espacio, podría querer el postre... una vez al mes, con suerte y viento a favor. 

  • Comida-sexo-trabajo:
Gordo, con déficit libidinal y vago. Consejo: Run, Lola, Run!




26 de febrero de 2013

Shloshim


Me quedo con:
Tus ojos azules y esas manos que siempre adoré.
Tu piel tersa y tu pelo sin canas.
Tu amor por los libros y tu letra de caligrafía.
Tus excesos y tus carencias.
Los restos de tus huracanes.
El calor de tus abrazos.
Tu mente brillante.
Tu fuerza para sobrevivir.
Y tu amor.

Elena N. Schnitzer
(1940 - 2013)

¡Descansa en paz, querida mamá!