2 de mayo de 2013

Mí Tarzán, Tú Jane

El otro día, un amigo me dijo que los hombres son básicos, rústicos y frontales. Me da la impresión de que se refería a que se manejan según tres intereses primarios, a saber: comer, tener sexo y trabajar.
Entonces, se me ocurre que, de alguna manera, dependiendo del orden de prioridades que cada hombre asigne a dichas necesidades, las mujeres podríamos obtener un perfil preliminar de nuestro macho cabrío. Así que, a sabiendas de lo limitado y concreto de mi enfoque, presentaré aquí algunas de las combinaciones posibles que, en definitiva, son motivo de reclamos por parte de mis colegas de género. 


  • Trabajo-comida-sexo: 

Hombre que llega tarde, estresado y hambriento. Su prioridad es que le den de cenar, mirar las noticias en la tele y dormirse temprano. El sexo es para los fines de semana o feriados, en la semana no quiere que lo jodan. Probablemente, este espécimen necesita más una empleada doméstica que una esposa, sólo que aún no lo sabe. 

  • Trabajo-sexo-comida:

XY que llega tarde la casa, con ganas de comerse a su mujer y gastar las calorías antes de ingerirlas. Desea que su pareja lo espere con un copa de vino, en  baby-doll y con la cena servida. Sus fantasías generalmente se estrellan contra la realidad de una comida recalentada en el microondas por una fémina en bata y chancletas. Podría ser un infiel en potencia ya que combina los medios para una doble vida y la insatisfacción en la casa.

  • Sexo-trabajo-comida:
Dícese del estereotipo social del varón. Se cree que la mayoría responde a dicho patrón (aunque es posible que, en estos tiempos, se trate de un mito). Es el ejemplar que más quejas suscita en las mujeres, quienes argumentan que "él sólo piensa en ESO", en vez de contentarse con hacer cucharita y hablar sobre la relación. 

  • Sexo-comida-trabajo:
Sujeto que trabaja lo mínimo indispensable, por lo que llega temprano y se asegura una ingesta que le aporte la energía suficiente para corretear a su esquiva pareja. 

  • Comida-trabajo-sexo:

Masculino rellenito, infeliz en su trabajo, que alcanza el máximo punto de satisfacción ante una milanesa con fritas. Si le queda algo de espacio, podría querer el postre... una vez al mes, con suerte y viento a favor. 

  • Comida-sexo-trabajo:
Gordo, con déficit libidinal y vago. Consejo: Run, Lola, Run!




2 comentarios:

  1. Aqui se habla mucho del estereotipo masculino que dicho sea de paso está muy bien escrito y es muy gracioso.
    Me encantaria poder leer el mismo relato desde el otro lado del mostrador .

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