Mis abuelos vinieron a Sudamérica con una mano adelante y la otra atrás. Nunca entendí mucho esa frase. Supuestamente alude a la pobreza, pero cuanto más lo pienso, más creo que se refiere al sentimiento de estar irreparablemente divididos en dos que tenemos la mayoría de los inmigrantes. Visto así, la mano adelante sería la que se tiende al futuro y la mano atrás sería la que se mantiene conectada al pasado. Al trabajar, ya sea como colchonero como mi zeide (abuelo) o cocinando como mi bobe (abuela), las dos manos operaban juntas, como si el presente conjugara tanto el pasado como el futuro.
Tengo la impresión que el apego a la comida - sobre todo a las recetas de sus países de origen - debía ser, para mis abuelos, una forma de mantener vivas sus costumbres y tradiciones. La fórmula mágica que les diera la ilusión de poder evocar a voluntad los olores y sabores que nutrieron sus vidas familiares pasadas, para así sentirse menos solos y menos desarraigados. Quizás en sus fantasías cada bocado se convertía en el conjuro secreto contra el vacío.
Mis abuelos creían que había que comerse toda la comida y que dejar restos en el plato era un lujo que nadie podía darse porque hoy la tenemos pero mañana no sabemos.
En ese contexto crecieron mis padres. Quien sabe aprendieron que dejarse alimentar de esa manera, era importante para proteger la autoestima de sus padres. Que al comer de su mano les demostraban que valoraban su cuidado y cariño, y que además se comprometían a hacer lo que fuera para reparar los agujeros de sus progenitores.
¿Será por eso que los papás y mamás nos enojamos tanto cuando un chico se pone mañoso con algo que le preparamos? Será que lo sentimos como un rechazo hacia nosotros, en vez de darnos cuenta que al pendejo de marras simplemente no le gusta el bróccoli?.
En fin, eso aprendieron mis viejos. Y cuando a su vez se convirtieron en padres, seguían transmitiéndonos los mismos mensajes: Cométe toda la comida... ¿No sabés que hay chicos que no tienen nada para comer?... Hasta que no termines el plato no te levantás de la mesa...
Lo que no entiendo es cómo a ninguno se le ocurrió que la solución para que no se desperdiciara la comida, era cocinar menos cantidades en vez de obligarnos a comer más...
Y nosotr@s?
Así como las madres de antes asociaban redondez con salud, las mamás de hoy no podemos escapar a la idea que los adipositos acumulados en la infancia pueden determinar el sobrepeso adulto. El bebé ideal de nuestra época es un bebé percentil 50.
Hoy también entendemos que comer no sólo nos provee de vitaminas, minerales, proteínas, carbohidratos y otras sustancias imprescindibles para la vida. Actualmente sabemos que el comer es una conducta fundamentalmente social, influenciada desde un principio por los vínculos afectivos que se van forjando con las personas que nos alimentan.
En otras palabras, los humanos somos esencialmente caníbales y nos comemos a nuestras madres, padres, herman@s, abuel@s, historias, y quién sabe cuántas cosas más. Reconozco que suena muy dramático, pero visto así, el ciclo de la alimentación consistiría en comer y ser comido por otros. ¿Qué otra cosa sino podría significar la frasecita "mi nene no me come..."?
Les dejo un recuerdo. Gustavo, Gracias Totales ...
Me encantan tus escritos...y Si Papi se te va al mejor Restaurant de Manhattan y pide Knishes..lol
ResponderEliminarCon todo ,si bien comiamos mucho,tbn haciamos deporte n el Country etc..y estabamos activos..
y eso de terminar la comida y no desperdiciar s mas bien Halaja.baal tashjit'...so bien de raices indeed..